San Lucas 8:4-8 “Muchos salieron de los pueblos para ver a Jesús, de manera que se reunió mucha gente. Entonces les contó esta parábola: Un sembrador salio a sembrar su semilla. Y al sembrar, un parte de la semilla cayó en el camino, y fue pisoteada, y las aves se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras; y cuando esa semilla broto, se seco por falta de humedad. Otra parte cayo entre espinos; y a nacer juntamente los espinos, la ahogaron. Pero otra parte cayo en buena tierra; y creció, y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla." Esto dijo Jesús, y añadió con voz muy fuerte: "Los que tienen oídos, que oigan!" Comienza la Parábola, con un sembrador "Salió". Esta palabra es un verbo que indica movimiento, y que debes aplicarte a ti mismo. Tu que has recibido la semilla de la Palabra que Jesús ha sembrado en tu corazón, no puedes permanecer quieto, sino debes dejarte transformar por el Maestro para que puedas tu también ser un sembrador. Cuando salgas para sembrar la Palabra de Dios, comienza por las personas más cercanas a ti, por tus conocidos: toda ocasión es buena. A) Cuatro tipos de terreno La semilla esparcida por el sembrador, dice el evangelista Lucas, cae en cuatro tipos de terreno, y da rendimientos desiguales: • Un terreno semejante al camino; • Un terreno pedregoso; • Un terreno con espinos; • Un terreno bueno; Estos cuatro terrenos tienen calidades diferentes, características diferentes y representan cuatro tipos de oyentes de la Palabra de Dios, cuatro diversos tipos de personas donde el crecimiento de la semilla se da con resultados desiguales. 1. El terreno semejante al camino - Es comparable con aquella persona que recibe la semilla de la Palabra, pero es insensible, impenetrable, dura, fría, cerrada y con el corazón de mármol, por lo cual la Palabra no penetra en el Espíritu, no baja a las profundidades del corazón; antes bien el diablo se  lleva la misma semilla y la persona se excluye del Reino. Pero sepa que si tú eres como tal camino, Jesús tiene el poder para transformar el camino de tu vida en un bello jardín. Isaías 35:6-7 2. El terreno pedregoso - Existe una segunda categoría de personas: Estas personas son impulsivos, son oyentes superficiales de la Palabra, y, por consiguiente, inconstantes. Es la categoría de aquellos que creen en la Palabra, la escuchan pero no  le permiten que tenga raíces profundas, de manera que al presentarse la primera dificultad o contrariedad quedan escandalizados y pierden la fe. Si quieres hacer germinar en tu corazón la Palabra de Jesús e impedir a las piedras que bloqueen su crecimiento, te invito a regar cada día con tres regaderas: a) La regadera de la oración - la oración diaria hace provecho a tu salud espiritual, te da fuerza para testimonial de la Palabra que ha sido sembrada en ti; b) La regadera de la comunidad - La Palabra que has recibido en tu corazón tiene necesidad de crecer al interior de la comunidad eclesial, es necesario tener un camino de fe.                                 c) La regadera del servicio - colocándote al servicio de los hermanos es como podrás ver que la semilla de la Palabra crece y echa raíces. 3. El terreno con espinas - son personas que no llegan a la madures de la fe porque tienen el corazón dividido entre el amor a Dios y el amor al mundo. Las espinas representan las preocupaciones, el deseo de la riqueza, los placeres de la vida:  estas son realidades que sofocan la semilla de la palabra yo creo que en el corazón de nosotros existen muchas espinas. • La espina de la soberbia, del odio y de la envidia; • La espina de los celos y de la prepotencia; • La espina de la avaricia, de la indiferencia y del resentimiento. 4. El terreno bueno - estas son personas que frente al anuncio se colocan con la actitud adecuada y madura: • Escuchan la Palabra con corazón libre • Guardan la Palabra; es decir la meditan, la conserva en el corazón, como hizo Maria; • Producen frutos: el fruto fundamental es el del amor, un amor que se hace acogida al hermano. Pregúntate qué terreno Soy Yo! Tal vez un poco de uno y uno poco de otro, tal vez no soy ni siquiera terreno, porque no permito que la semilla caiga. Oración: Señor, Estamos consciente de que a menudo reducimos nuestras vidas a un camino árido, vació y desierto: perdónanos, Señor, si tenemos una fe sin raíces, si la inconstancia nos aleja de la fuente, si la tribulación nos hace dudar de tu amor santo y misericordioso Perdónanos. Concédenos, que produzcamos los frutos del amor para la gloria tuya y del Padre. La Parabola del Sembrador